No le importa nada

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El jueves el mundo medio se conmovió con el gesto de Melania Trump, quien visitó un albergue en la frontera. La primera dama de Estados Unidos ofreció su ayuda. Días antes, a través de su vocera, informó que odiaba la medida que se­paraba a las familias que cruzan ilegalmente la frontera. Pero tras su visita, el ojo del mun­do reparó en un detalle, que dice todo sobre la sensibilidad de quienes hoy habitan la Casa Blanca: Melania voló a Texas utilizando una gabardina en cuya espalda se leía la frase: “I really don’t care. Do u?” (a mí realmente no me importa, ¿a ti?).

Menos de 24 horas antes, la presión mun­dial había hecho recular al Presidente de Estados Unidos. Aunque a medias. El juicio social logró detener —al menos en palabras, falta ver la acción— una de las prácticas más atroces que hayamos visto en los últimos años. Las familias dejarían de estar separadas luego de su detención. La orden ejecutiva que firmó el miércoles al mediodía no daba de­talles sobre las modificaciones en el proceso que seguirían los agentes fronterizos, sólo se afirmaba que los niños ya no estarían sepa­rados de sus padres dentro de esas infames jaulas en las que son colocados. Ayer por la mañana, The Washington Post adelantó que el gobierno de Estados Unidos dejaría de pro­cesar a los adultos que crucen ilegalmente acompañados de menores de edad. Y es que, tras el escándalo, comenzaron a surgir deta­lles de las condiciones en que niños y adultos permanecen tras su detención: según decla­raciones del alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, un menor de nueve meses, sí, un be­bé de brazos, llegó a un centro de detención; fue trasladado por la noche junto a otros menores de hasta 14 años. En documentos oficiales a los que The Associated Press tuvo acceso, niños migrantes narran lo que vivie­ron en el Centro Juvenil Shenandoah Valley, en Virginia; fueron desnudados, amarrados a sillas con una bolsa en la cabeza con aguje­ros para respirar; otros aseguran que fueron golpeados, a otros les colocaron grilletes. Los menores, aseguran, fueron enviados ahí lue­go de que el gobierno los acusó, sin pruebas, de pertenecer a la MS-13, no tenían más de 14 años. En otros documentos se narran testi­monios de pequeños que detallan haber sido medicados sin el consentimiento de sus pa­dres, por la fuerza debían tomar más de diez píldoras al día. Esto ocurrió en el Centro de Tratamiento Residencial Shiloh, en Manvel, Texas. En otros testimonios se precisa que algunos menores eran inyectados. Un análi­sis de la Universidad de Texas determinó que los medicamentos que les fueron administra­dos eran clonazepam, duloxetina, guanfaci­na, geodon, olanzapina, latuda y divalproex, utilizados para tratar la depresión, ansiedad y demás padecimientos que jamás son pres­critos sin supervisión de un especialista, pues todos tienen efectos secundarios. También se reveló que en los últimos 16 meses, al menos ocho migrantes adultos murieron a causa de la falta de atención médica que se les brinda durante su detención.

Y mientras Trump ordenaba detener la separación de familias, mientras su esposa ofrecía su ayuda en la frontera… mientras el mundo conocía las condiciones de los niños y adultos migrantes detenidos, el Presidente de Estados Unidos arremetió contra nues­tro país, asegurando que sólo los perjudica­mos, que nos quedamos con su dinero, que les mandamos drogas, e insistió en la cons­trucción del muro. Lo peor: “México está ha­ciendo 100 mil millones de dólares al año a expensas de nosotros por el terrible TLCAN, y estoy siendo duro. Una de las razones por las que estoy siendo duro es porque ellos no hacen nada por nosotros en la frontera…”, di­jo. Así, la renegociación del Tratado se topó con pared, según Trump, y la estrategia que tiene para presionar es lo que vemos ahora, familias enteras separadas, niños a los que se pone en riesgo… todo para salirse con la suya. A él realmente no le importa nada, sólo hacer su voluntad. Por si no teníamos idea, aún, del alcance de su infamia.