Trump vs los más vulnerables

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En las últimas horas la palabra “cruel” está siendo mencionada por organismos internacionales, gobiernos de varios países, orga­nismos de derechos humanos, escrito­res y activistas sociales para referirse a la política de Tolerancia Cero que el go­bierno de Estados Unidos está ponien­do en marcha contra los migrantes.

Videos, fotografías y audios dan evi­dencia del trato que reciben niños que fueron separados de sus familias. Los padres de estos menores osaron ingre­sar a un país sin documentos, lo cual los ha convertido -ante las leyes estadou­nidenses- en criminales; el hecho de no poder encarcelar a menores ocasiona que éstos permanezcan en sitios que más bien recuerdan una prisión.

¿Criminales por buscar un mejor fu­turo individual y familiar? ¿Criminales por huir de una situación de violencia y de pobreza? Es claro que hay mucha di­ferencia entre este tipo de “criminales” y los que roban o asesinan.

Con este tipo de acciones el gobier­no estadounidense pretende frenar el flujo migratorio, pero de una manera unilateral, por medio del terror, de la di­visión y muy lejos de objetivos humani­tarios.

De acuerdo con datos oficiales, en­tre el 5 de mayo y el 9 de junio, un total de 2 mil 235 familias y 4 mil 548 perso­nas han sido separadas por las autori­dades en este contexto.

Las actitudes de Donald Trump se conocieron desde el primer momento en que anunció su intención de alcan­zar la candidatura presidencial del Par­tido Republicano; demostró intoleran­cia al lanzar acusaciones sin sustento contra la presencia de inmigrantes en su país, en especial la de mexicanos, y al proponer la construcción de un mu­ro en la frontera con nuestro país. Hasta ahora el Congreso estadounidense ha podido aplazar la entrega de recursos para levantarlo, por lo que la separa­ción de familias es vista como una me­dida de presión para alcanzar sus fines.

En este momento valores como la defensa de los derechos humanos, que han sido bandera de Estados Unidos, fueron hechos a un lado para adoptar una política marcada por maniobras basadas en el abuso. El anuncio, ayer, de Washington de que deja el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Uni­das parece confirmarlo.

El derecho de todo menor a tener una familia y a estar con ella es violen­tado por los prejuicios de considerar a quien llega de fuera como una ame­naza. La comunidad internacional ha comenzado a movilizarse y no debe detenerse. El acompañamiento de go­biernos como el de México se vuelve ne­cesario y urgente.