Entre escombros en la séptima sección surgió para quedarse el Colectivo Bini Biri

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Niños y adolescentes, ya bien organizados, hacían paquetes de ayuda, y los más grandes la distribuían, de ahí surgió la idea de nombrarlos Bini Biri.

  

JUCHITAN.-

Dioscelina Trujillo Martínez

  

Mientras se vivía en Juchitán un ambiente de muerte, dolor y una gran estela de polvo entre escombros, a consecuencia del terremoto de 8.2 grados registrado durante los últimos minutos de aquel 7 de septiembre, en el corazón de la séptima sección, una de las zonas más golpeadas por el terremoto, surgió el Colectivo Bini Biri (gente hormiga).

 Ese “Escuadrón Horniguita”, que nació ante la emergencia y casi sin proponérselo sus creadores Natalia Toledo, Mardonio Carballo y Demian Flores, fue agarrando la forma de una gran familia que en equipo se dedicó a ayudar solidariamente a todos aquellos que habían perdido a su familia, casa e incluso su tranquilidad a consecuencia de ese fenomeno y las incontables réplicas que continuaron, y hasta la fecha mantienen en zozobra a la ciudad y gran parte del Istmo de Tehuantepec.

 Recuerda Natalia que cuando no habían pasado ni 24 horas de esta tragedia sísmica, en la Ciudad de México le surgió la idea y se ocupó en generar los medios de ayuda, sobre todo cuando fue teniendo la información de que el gran temblor había golpeado severamente su tierra natal, Juchitán y a su gente, a todos aquellos conocidos que empezaban a reaccionar y a padecer por el desabasto y la difícil situación que sobrevino al temblor. 

La ayuda comenzó a llegar en la Ciudad México a su departamento, donde se habilitó como centro de acopio, para después buscar medios para el traslado a la zona necesitada, fue tal la respuesta del sector intelectual, cultural y empresarial, que cuando menos lo pensaron, recibían llamadas de la iniciativa privada, para hacer llegar ayuda a los damnificados, de ahí que ampliaron la distribución hacia otros municipios como El Espinal, Ixtaltepec, Santa María Xadani, Unión Hidalgo, entre otros pueblos, que también estaban necesitados.

 La sorpresa más grande, nos cuenta la poeta, fue cuando arribó a Juchitán y al llegar a su casa, que se ubica en el callejón de los pescadores, en la populosa séptima sección, vio un verdadero hormiguero, donde niños y adolescentes, ya bien organizados, hacían paquetes de ayuda, y los más grandes la distribuían, de ahí surgió la idea de nombrarlos Bini Biri.

 Organizados con un horario de 9 de la mañana a 9 de la noche, todos ahí, como la gran familia que habían logrado formar, comenzaron a disfrutar esta forma de ayudar y coordinar la entrega de víveres.

 Así fueron pasando los días, semanas y meses, consolidando este grupo, que disfrutaba desde el café con pan, hasta el desayuno, comida y cena en las cocinas comunitarias, en donde se daban cita para ingerir alimentos. 

Cuando la ayuda empezó a escasear y empezaron a normalizarse las cosas, la vida empezó a tomar su paso, y en plena reconstrucción las actividades en el hormiguero empezaron a cambiar, y como aún acudían al llamado, los coordinadores organizaron diversas actividades, entre ellas cursos y talleres de un sin fin de temas, que hasta este día están vigentes, a fin de acercar a los niñas y niños a las diferentes disciplinas artísticas, para ir dando paso a los nuevos talentos de Juchitán.

 Hoy se mantienen como la gran familia que son, y aunque no es el mismo ritmo de ayuda y de trabajo, esperan el llamado para seguir conformando a los Bini Biri (gente hormiga) que ante la convocatoria de Mardonio Carballo, Natalia Toledo y Demian Flores solicitaron la donación de bicicletas y ahora como un reconocimiento a la ayuda, entrega y solidaridad demostrada, las recibirán y así distinguirse como miembros de este escuadrón hormiga.